Cuando pensamos en un terremoto, casi siempre imaginamos edificios moviéndose, calles llenas de escombros o grandes ciudades afectadas. Sin embargo, miles de personas salen cada fin de semana a caminar por la montaña, recorrer senderos, practicar escalada, hacer kayak o disfrutar de la costa. ¿Qué ocurriría si un terremoto nos sorprendiera allí?
Es una situación poco frecuente, especialmente en España, pero no imposible. De hecho, cada año el Instituto Geográfico Nacional (IGN) registra miles de terremotos en nuestro país, la mayoría de ellos de pequeña magnitud y sin consecuencias para la población.
En Orosa Aventura siempre decimos que la mejor herramienta de supervivencia no es un cuchillo, una brújula o una mochila de última generación.
Es el conocimiento.
Porque cuando entendemos cómo funciona la naturaleza, también aprendemos a movernos por ella con seguridad.
Lo primero… ¿es peligroso que nos sorprenda un terremoto en plena naturaleza?
Depende del lugar donde nos encontremos.
De hecho, en muchas ocasiones estar en el campo puede ser incluso más seguro que encontrarse dentro de un edificio. En la montaña no existen fachadas, balcones, cristales o estructuras que puedan desplomarse sobre nosotros. En zonas urbanas el mayor peligro es el colapso de estructuras y edificaciones.
Pero eso no significa que estemos completamente fuera de peligro.
En el medio natural aparecen otros riesgos que muchas veces pasan desapercibidos:
- Desprendimientos de rocas.
- Caída de piedras.
- Deslizamientos de tierra.
- Avalanchas en zonas nevadas.
- Grietas en senderos.
- Caída de árboles debilitados.
- Desprendimientos de acantilados.
- Riesgo de tsunami si estamos junto al mar.
Es decir…
El terremoto muchas veces no es el verdadero problema.
Lo realmente peligroso son las consecuencias que puede provocar sobre el terreno.
Los estudios del Instituto Geográfico Nacional y de Protección Civil recuerdan que buena parte de las lesiones relacionadas con los terremotos se producen por elementos que caen o por movimientos secundarios del terreno, no únicamente por la vibración del suelo.


La naturaleza cambia en cuestión de segundos
- Cuando el suelo vibra, también cambia el paisaje.
- Un sendero perfectamente estable puede quedar cortado por un pequeño desprendimiento.
- Una pared rocosa que llevaba siglos inmóvil puede comenzar a desprender piedras.
- Una ladera aparentemente segura puede perder estabilidad.
- Incluso un río puede modificar ligeramente su cauce si existe un gran movimiento del terreno.
Por eso, uno de los mayores errores que podemos cometer es pensar que, una vez deja de temblar el suelo, todo ha terminado. En realidad, muchas veces es justo cuando empiezan a aparecer nuevos peligros.
Los organismos de Protección Civil recuerdan que tras un terremoto es habitual que se produzcan réplicas, es decir, nuevos movimientos sísmicos que pueden desencadenar más desprendimientos o afectar a zonas que ya habían quedado debilitadas por el primer temblor.

Si estás haciendo senderismo…
Probablemente esta sea la situación más habitual para quienes disfrutamos de la naturaleza.
Imagina que estás caminando tranquilamente por un sendero y, de repente, notas que el suelo vibra bajo tus botas. Puede parecer una escena sacada de una película, pero lo primero que debemos hacer es controlar los nervios.
- Respira.
- Detente.
- Observa.
- No empieces a correr sin saber hacia dónde.
Correr durante un terremoto puede hacer que pierdas el equilibrio o que termines acercándote precisamente al lugar más peligroso.
¿Qué deberías hacer?
- ✔ Mantén la calma.
- ✔ Aléjate de paredes verticales, cortados y laderas muy inclinadas.
- ✔ Evita permanecer bajo grandes árboles secos o inclinados.
- ✔ Si caminas por una garganta o un desfiladero estrecho, intenta salir hacia una zona más abierta cuando sea seguro hacerlo.
- ✔ Protege la cabeza con los brazos o incluso con la mochila si comienzan a caer pequeñas piedras.
- ✔ Si vais en grupo, manteneos comunicados visualmente, pero evitad concentraros todos bajo la misma pared rocosa.
- ✔ Esperad unos minutos antes de continuar la marcha por si se producen réplicas.
Un ejemplo muy sencillo
Imagina que estás recorriendo una ruta como el Monte Pindo, los Ancares o los Picos de Europa.
El sendero discurre junto a grandes paredes de granito. Si comienza un terremoto, probablemente el movimiento del suelo no sea lo que más peligro represente. Lo realmente preocupante sería la posible caída de piedras desde esas paredes.
En ese caso, alejarse unos metros del pie del cortado puede resultar mucho más seguro que intentar avanzar rápidamente por el sendero.
En montaña, muchas veces el mejor movimiento es precisamente dejar de moverse durante unos segundos y observar qué está ocurriendo.

¿Y si estamos escalando?
Aquí la situación cambia bastante.
Si el terremoto es leve, lo más recomendable suele ser permanecer asegurados y esperar a que termine el movimiento, evitando realizar maniobras bruscas que puedan desestabilizar aún más al escalador o al asegurador.
Si aparecen desprendimientos importantes o la pared comienza a fracturarse, la prioridad será proteger la cabeza y valorar cuidadosamente la vía de escape más segura una vez finalice el temblor.
No existe una única respuesta válida. Cada pared, cada vía y cada situación serán diferentes.
Por eso la experiencia, la planificación y una correcta gestión del riesgo son tan importantes antes incluso de empezar la actividad.
¿Qué ocurre si estamos en una cresta o en la cima de una montaña?
Las cimas suelen ser espacios abiertos, por lo que el riesgo de recibir impactos por caída de objetos es mucho menor que en una pared vertical.
- Sin embargo, debemos prestar mucha atención al terreno.
- Las crestas estrechas pueden perder estabilidad.
- Las rocas aparentemente firmes pueden desplazarse.
- Y un pequeño desequilibrio puede terminar en una caída con consecuencias mucho más graves que el propio terremoto.
En estas situaciones conviene permanecer agachados, mantener siempre “mínimo” tres puntos de apoyo y evitar movimientos innecesarios hasta que finalice el temblor.

Si el terremoto nos sorprende en la costa
Este es probablemente uno de los escenarios menos conocidos.
Cuando un terremoto ocurre bajo el mar o muy cerca de la costa existe la posibilidad de que genere un tsunami. No todos los terremotos producen uno. De hecho, la mayoría no lo hacen.
Pero cuando el terremoto ha sido fuerte y estamos muy cerca del mar debemos prestar mucha atención a lo que ocurre alrededor.
Hay una señal que nunca debemos ignorar
Si después del terremoto observamos que el mar comienza a retirarse rápidamente dejando al descubierto zonas normalmente cubiertas por el agua…
No te acerques a mirar.
Ese comportamiento anómalo del mar puede ser uno de los indicios de la llegada de un tsunami.
La recomendación internacional es muy clara:
Alejarse inmediatamente de la costa y dirigirse hacia zonas elevadas o alejadas del litoral, sin esperar a recibir una orden oficial si el terremoto ha sido intenso y el comportamiento del mar resulta claramente anormal.

Si vamos conduciendo por pistas forestales
Muchas de nuestras rutas comienzan por caminos forestales o pistas de montaña.
Si el terremoto comienza mientras conducimos:
- Reduce la velocidad.
- Detén el vehículo en una zona abierta.
- Evita parar bajo taludes, paredes rocosas o árboles de gran tamaño.
- Permanece dentro del vehículo hasta que termine el movimiento.
Después revisa cuidadosamente el estado del camino.
Un pequeño desprendimiento puede bloquear completamente la pista o convertirla en un lugar peligroso para continuar circulando.

El mayor enemigo suele ser el impulso
En todas las emergencias ocurre algo parecido.
- Queremos hacer algo inmediatamente.
- Salir corriendo.
- Llamar por teléfono.
- Continuar la marcha.
- Buscar a alguien.
Sin embargo, durante un terremoto las decisiones impulsivas suelen aumentar el riesgo.
Los especialistas en emergencias insisten en una idea muy sencilla:
Primero protégente. Después observa. Y solo entonces actúa.
Esa pequeña pausa de apenas unos segundos puede evitar que terminemos en una zona mucho más peligrosa.
Después del terremoto… todavía queda trabajo
Cuando todo parece haber terminado comienza una fase igual de importante.
Antes de continuar nuestra ruta conviene dedicar unos minutos a comprobar que realmente seguimos en condiciones de hacerlo.
Revisa al grupo
- ¿Hay alguien herido?
- ¿Todos están tranquilos?
- ¿Alguien necesita primeros auxilios?
Revisa el terreno
- ¿El sendero sigue siendo seguro?
- ¿Han aparecido grietas?
- ¿Existen desprendimientos recientes?
- ¿Hay árboles inclinados o inestables?
Revisa el material
- ¿La mochila sigue completa?
- ¿Funcionan las emisoras o el teléfono?
- ¿Disponemos de agua suficiente por si debemos modificar la ruta?
Muchas veces, dar media vuelta será la mejor decisión. Y no pasa absolutamente nada. La montaña seguirá allí otro día.
La preparación empieza mucho antes de salir de casa
En Orosa Aventura insistimos siempre en que una salida segura no empieza cuando ponemos el primer pie en el sendero.
Empieza preparando bien la actividad.
Algunas recomendaciones sencillas pueden marcar la diferencia:
- Consulta la previsión meteorológica y el estado de la ruta.
- Informa a alguien del itinerario que vas a realizar.
- Lleva un pequeño botiquín y sabe utilizarlo.
- Descarga mapas sin conexión en el móvil.
- Lleva una batería externa.
- Aprende nociones básicas de primeros auxilios.
- Si vais en grupo, acordad un punto de reunión en caso de separación.
- Infórmate si la zona presenta actividad sísmica reciente a través del Instituto Geográfico Nacional.
La preparación no elimina los riesgos.
Pero reduce enormemente las posibilidades de que una emergencia se convierta en una tragedia.

La mejor herramienta sigue siendo el conocimiento
No podemos evitar que la Tierra se mueva. Lleva haciéndolo más de 4.500 millones de años y seguirá haciéndolo mucho después de nosotros.
Pero sí podemos aprender a convivir con ella.
Cada curso, cada ruta y cada actividad que realizamos en Orosa Aventura tiene un objetivo que va mucho más allá de caminar por un sendero o alcanzar una cima. Queremos que quienes nos acompañan regresen a casa con algo más que fotografías.
Queremos que vuelvan con conocimientos, experiencia y la tranquilidad de saber cómo actuar cuando la naturaleza nos pone a prueba.
Porque la verdadera aventura no consiste en desafiar al medio natural.
Consiste en comprenderlo, respetarlo y estar preparados para responder con serenidad cuando la naturaleza nos recuerda que siempre tendrá la última palabra. 🌿

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