Cómo aplicarlo al senderismo, la orientación y la toma de decisiones en entornos reales
En el medio natural no basta con caminar, conocer técnicas o haber hecho muchas rutas. La montaña, el bosque, la costa o cualquier entorno natural exigen algo más profundo: la capacidad de observar, interpretar, decidir y corregir. Ahí es donde entra en juego el pensamiento crítico.
Muchas personas asocian el pensamiento crítico con el ámbito académico, con leer artículos o debatir ideas. Sin embargo, en la práctica, el pensamiento crítico también tiene una aplicación directa en el senderismo, la orientación, la supervivencia y la gestión de emergencias. Cada vez que valoramos si una ruta es segura, si el cielo anuncia un cambio brusco, si un sendero coincide realmente con el mapa o si el cansancio del grupo obliga a modificar el plan, estamos poniendo en marcha procesos de análisis, juicio y decisión.
El Dr. Peter Facione, una de las referencias más citadas en este campo, define el pensamiento crítico como un juicio autorregulado y con propósito, basado en la interpretación, el análisis, la evaluación y la inferencia. Es decir, no consiste solo en “pensar”, sino en pensar de manera ordenada, consciente y orientada a decidir mejor.

En el medio natural esta habilidad es especialmente importante porque trabajamos con variables cambiantes rápidamente : meteorología, terreno, fatiga, errores de navegación, presión del grupo, confianza excesiva o información incompleta.
No siempre hay tiempo para detenerse mucho, pero sí hay que saber cómo pensar bien bajo presión. La investigación sobre naturalistic decision making o toma de decisiones naturalista muestra precisamente eso: en contextos reales, inciertos y dinámicos, las personas expertas no deciden solo calculando opciones como si estuvieran ante un problema teórico; muchas veces reconocen patrones, interpretan señales y ajustan su juicio según la experiencia y el contexto pensando que todo saldrá como siempre.
Qué es realmente el pensamiento crítico
El pensamiento crítico es la capacidad de examinar una situación sin aceptar automáticamente la primera impresión, la primera opinión del grupo o la solución más cómoda. Supone detenerse mentalmente, aunque sea unos segundos, y preguntarse:
- ¿Qué estoy viendo realmente?
- ¿Qué datos tengo y cuáles me faltan?
- ¿Qué riesgos estoy pasando por alto?
- ¿Estoy interpretando bien la situación o solo confirmando lo que quiero creer?
Esta última pregunta es clave. En montaña, en senderismo o en cualquier actividad al aire libre, uno de los errores más frecuentes no es la ignorancia absoluta, sino la mala interpretación de señales aparentemente conocidas o los “falsos positivos”
Ejemplo práctico
Un senderista ve una traza marcada en el suelo y asume que es el camino correcto. Sigue avanzando porque “parece evidente” y porque los demás también lo aceptan sin discutirlo. Sin embargo, esa traza puede ser de ganado, un cortafuegos, una pista forestal secundaria o una variante sin salida.
Aplicar pensamiento crítico aquí no significa desconfiar de todo de forma obsesiva, sino verificar:
- si esa traza coincide con la dirección prevista en el mapa,
- si la morfología del terreno encaja con lo esperado,
- si existe continuidad lógica del camino,
- y si otros indicios refuerzan o contradicen esa hipótesis.
En otras palabras: pensar críticamente es contrastar.
Facione también insiste en que el pensamiento crítico no depende solo de habilidades, sino de disposiciones personales como la curiosidad, la prudencia, la honestidad intelectual y la voluntad de revisar el propio juicio. Esto es muy relevante en el ámbito outdoor, porque una persona puede saber usar una brújula o leer curvas de nivel y aun así equivocarse si no tiene la actitud mental de comprobar, rectificar y aceptar que puede estar interpretando mal la situación.


Por qué es tan importante en senderismo y actividades en el medio natural
En ciudad, un error de interpretación muchas veces se corrige con facilidad. En el medio natural, un error aparentemente pequeño puede amplificarse. Un rumbo mal tomado, una mala lectura del parte meteorológico o una mala valoración del ritmo del grupo pueden acabar generando una cadena de problemas: retraso, cansancio, deshidratación, desorientación, exposición al frío o necesidad de evacuación.
Por eso, el pensamiento crítico no es un “extra” intelectual: es una herramienta de seguridad.
La investigación sobre toma de decisiones en contextos reales muestra que la experiencia ayuda mucho, pero no inmuniza frente al error. De hecho, parte de la literatura sobre decisión naturalista y gestión del riesgo indica que la experiencia mejora la capacidad de reconocer patrones útiles, aunque también puede favorecer automatismos y exceso de confianza si no existe revisión consciente.
Ejemplo práctico
Un guía o senderista con mucha experiencia puede pensar: “Esta nube no es preocupante, ya he visto esto muchas veces”. Pero el pensamiento crítico exige ir un paso más allá:
- ¿Estoy evaluando la situación actual o comparándola demasiado rápido con recuerdos anteriores?
- ¿Qué dice la evolución del viento?
- ¿Qué margen real tengo hasta el punto de escape?
- ¿Cómo está físicamente el grupo para reaccionar si cambia la situación?
La diferencia entre experiencia útil y exceso de confianza muchas veces está en esa pequeña pausa analítica.

Observación activa: ver no es lo mismo que mirar
La base del pensamiento crítico en el medio natural
En el medio natural, la diferencia entre avanzar con seguridad o cometer un error crítico no suele estar en lo que vemos, sino en cómo interpretamos lo que vemos.
La mayoría de las personas miran el entorno.
Muy pocas realmente observan.
- Mirar es un proceso pasivo
- Observar es un proceso activo, consciente y dirigido
La observación activa consiste en recoger, filtrar e interpretar información relevante del entorno en tiempo real, con el objetivo de tomar decisiones más acertadas.
Es, sin duda, el primer eslabón del pensamiento crítico en actividades outdoor.
Qué es realmente la observación activa
La observación activa es la capacidad de percibir, seleccionar e interpretar información relevante del entorno de forma consciente, con el objetivo de comprender lo que ocurre y anticipar posibles escenarios.
No se trata únicamente de ver lo que tenemos delante, sino de leer el entorno con intención.
A diferencia de la observación pasiva —en la que el cerebro capta información de forma automática y muchas veces superficial, la observación activa implica un proceso deliberado en el que decidimos qué mirar, cómo analizarlo y qué significado darle.
La observación activa implica tres niveles:
1. Percepción
Captar estímulos del entorno (lo que vemos, oímos o sentimos)
2. Atención selectiva
Filtrar qué información es relevante
3. Interpretación
Dar significado a esa información
Esto incluye:
- cambios en la pendiente,
- variaciones en el tipo de vegetación,
- orientación de la ladera,
- estado del suelo,
- ruido del agua,
- dirección del viento,
- cansancio o conducta del grupo,
- y coherencia entre mapa, terreno y progresión real.
Ejemplo práctico
En una ruta, el grupo entra en una zona donde el terreno pasa de seco a blando y húmedo, la vegetación se hace más densa y el camino comienza a perder definición. Una observación superficial diría: “seguimos por aquí”. Una observación activa se pregunta si ese cambio indica cercanía a un fondo de valle, una zona de encharcamiento, un desvío poco transitado o una transición hacia un terreno más lento y comprometido.
Esta diferencia es fundamental porque muchas decisiones malas no nacen de una gran equivocación técnica, sino de una suma de pequeñas omisiones perceptivas.
En estudios sobre usuarios de terreno invernal y toma de decisiones en backcountry, se ha visto que la capacidad para identificar señales de peligro y recopilar información relevante varía con la formación y el nivel de competencia. No basta con estar en el entorno: hay que saber qué señales merecen atención y cuáles no.


Análisis de la información: interpretar lo que el entorno nos dice
Después de observar viene otro paso todavía más importante: interpretar correctamente. El terreno no “habla” de forma literal; ofrece pistas. El pensamiento crítico permite pasar de la simple percepción a la comprensión.
Aquí la pregunta clave es: ¿qué significa lo que estoy viendo?
Pensamiento crítico aplicado:
- Comparas la dirección con el mapa.
- Verificas si la cota coincide con lo esperado.
- Compruebas si cruza elementos que deberían aparecer.
- Analizas si la lógica del itinerario tiene sentido.
Este tipo de análisis es esencial en orientación. De hecho, uno de los grandes problemas de quienes dependen en exceso del GPS es que aceptan la información digital sin contrastarla con el terreno real. La tecnología ayuda mucho, pero no sustituye la capacidad crítica. Un track puede estar mal trazado, desactualizado o diseñado para personas con otro nivel físico y técnico.
La literatura sobre decisión en entornos reales señala que las personas competentes combinan reconocimiento rápido de patrones con verificación contextual. Es decir, no se limitan a “intuir”; usan la experiencia como punto de partida, pero siguen validando la situación.

Evaluación del riesgo: decidir no solo por posibilidad, sino por consecuencia
Pensar críticamente en el medio natural significa también valorar riesgos de forma realista. No se trata de ver peligro en todo, sino de entender dos dimensiones básicas:
- qué probabilidad tiene algo de ocurrir,
- y qué consecuencias tendría si ocurre.
Muchas personas toman decisiones outdoor fijándose solo en la probabilidad: “seguro que no pasa nada”. o esa frase tan española que muchas veces en Orosa Aventura ponemos de ejemplo: ” Malo será que pase” Pero una decisión razonable también debe mirar la consecuencia: “aunque no sea muy probable, si ocurre, ¿qué impacto tendría?”
Ejemplo práctico: cruce de río
Un grupo llega a un paso de agua. El caudal no parece enorme y algunos piensan en cruzar rápidamente.
Pensamiento crítico aplicado:
- ¿La corriente empuja más de lo que aparenta?
- ¿El fondo es estable o resbaladizo?
- ¿La temperatura del agua puede comprometer al grupo?
- ¿Qué ocurre si alguien cae?
- ¿Hay una alternativa más segura aunque retrase la marcha?
La diferencia entre improvisar y pensar críticamente está en que la segunda opción evalúa el peor escenario plausible, no solo el deseo de continuar.
En el ámbito del riesgo en montaña y actividades invernales, diversos trabajos muestran que la formación influye en cómo las personas recogen información sobre el peligro y en cómo interpretan el terreno antes de exponerse. También se ha estudiado el fenómeno de la “compensación del riesgo”, por el cual algunos usuarios asumen conductas más arriesgadas cuando creen estar más protegidos por el material o la tecnología.
Esto tiene una traducción clarísima al senderismo:
- llevar GPS no elimina el riesgo de perderse,
- llevar ropa técnica no evita una hipotermia si la decisión global es mala,
- llevar botiquín no compensa una mala gestión del itinerario,
- y tener cobertura no sustituye una planificación prudente.
Gary Klein y otros autores de este campo explican que en entornos complejos los expertos a menudo usan decisiones basadas en reconocimiento: detectan patrones familiares y valoran rápidamente si un curso de acción “encaja” con la situación. Pero esa intuición experta funciona bien cuando está respaldada por experiencia real y por revisión mental de posibles fallos.
Traducido al senderismo: la intuición puede ser muy útil, pero la buena intuición no es magia; es experiencia bien procesada.
Vamos ahora a profundizar específicamente en la figura de Gary Klein, ya que es una referencia clave y muy alineada con el tipo de formación que trabajamos y nos gusta impartir en Orosa Aventura.

Gary Klein y la toma de decisiones en el medio natural
Cómo decidimos realmente bajo presión (y qué podemos aprender para el senderismo y la supervivencia)
Cuando hablamos de pensamiento crítico en entornos reales como la montaña, el bosque o cualquier actividad outdoor, es imprescindible entender cómo tomamos decisiones en condiciones de incertidumbre. Aquí es donde entra el trabajo de Gary Klein.
Klein es un psicólogo que estudió durante décadas cómo toman decisiones profesionales en entornos críticos: bomberos, militares, sanitarios o equipos de emergencia. Su conclusión principal rompe con muchas ideas tradicionales:

- Las personas expertas no toman decisiones comparando muchas opciones de forma lógica paso a paso.
- Toman decisiones reconociendo patrones y evaluando rápidamente si una opción “encaja” con la situación.
A este modelo se le conoce como Recognition-Primed Decision (RPD).
¿Qué es el modelo RPD (Recognition-Primed Decision)?
El modelo RPD explica que, en entornos reales:
- No generamos muchas opciones
- No hacemos listas largas de pros y contras
- No analizamos todo desde cero
En cambio:
- Reconocemos una situación similar a experiencias previas
- Activamos un “patrón mental”
- Evaluamos rápidamente si esa solución puede funcionar
- Si encaja → actuamos
- Si no encaja → ajustamos o probamos otra
Aplicación directa al senderismo y medio natural
Ejemplo 1: Pérdida de sendero
Un senderista con experiencia detecta rápidamente que algo no cuadra:
- El camino se estrecha demasiado
- No hay marcas recientes
- La orientación del terreno no coincide
No necesita analizar 10 opciones. Reconoce el patrón: “esto no es un sendero fiable”.
¿Cúal sería la decisión mejor tomada?: detenerse, verificar y probablemente retroceder.


Clave fundamental: la experiencia NO es suficiente
Aquí viene uno de los puntos más importantes del trabajo de Klein:
La experiencia por sí sola no garantiza buenas decisiones
Para que la experiencia genere buen juicio, deben cumplirse dos condiciones:
1. Entorno con patrones repetibles
El medio natural sí cumple esto:
- Meteorología tiene patrones
- El terreno tiene lógica
- El comportamiento humano es predecible en ciertos contextos
2. Feedback real y aprendizaje
Aquí es donde mucha gente falla.
Si alguien toma malas decisiones pero “no pasa nada”, puede reforzar errores sin darse cuenta.
Ejemplo:
Un senderista cruza un río de forma peligrosa y no ocurre nada.
Resultado:
- Cree que su decisión fue correcta
- Refuerza un comportamiento de riesgo
Esto conecta directamente con el pensamiento crítico: No basta con que algo funcione, hay que analizar si fue una buena decisión.
El papel del pensamiento crítico dentro del modelo de Klein
El modelo RPD explica cómo decidimos rápido, pero el pensamiento crítico es lo que permite:
- Verificar si el patrón es correcto
- Detectar errores de interpretación
- Evitar automatismos peligrosos
- Adaptar la decisión al contexto real

Riesgos del modelo RPD en el medio natural
Aunque es muy eficiente, también tiene peligros si no se combina con pensamiento crítico:
Exceso de confianza
“Ya sé lo que está pasando” Puede llevar a ignorar señales nuevas
Reconocimiento erróneo de patrones
Confundir una situación con otra similar Confundir nubes de evolución con nubes inofensivas
Automatismo sin verificación
Actuar demasiado rápido sin revisar Muy común en personas con experiencia
Cómo aplicar el modelo de Gary Klein en la práctica
Aquí está la clave para vuestro enfoque formativo:
1. Entrenar la observación de patrones
- Meteorología
- Terreno
- Comportamiento humano
- Orientación
Cuanta más exposición real → mejor reconocimiento
2. Añadir “micro-pausas mentales”
Antes de decidir, entrenar este hábito: “¿Y si me estoy equivocando?”
3. Simular escenarios reales
Esto es lo que hacemos en Orosa Aventura:
- Pérdida de orientación
- Evacuaciones
- Cambios de ruta
- Toma de decisiones bajo presión
Esto entrena el cerebro para reconocer patrones reales
4. Analizar decisiones después de la actividad
Debriefing: O como solemos llamar en Orosa Aventura ” Lecciones aprendidas”
- ¿Qué vimos?
- ¿Qué interpretamos?
- ¿Qué decidimos?
- ¿Fue correcto o simplemente funcionó?
Aquí es donde se construye el verdadero aprendizaje
Integración final: técnica + pensamiento + experiencia
El gran valor del trabajo de Gary Klein aplicado al medio natural es este:
No decidimos como en los libros… decidimos como en la vida real
Por eso, en senderismo, supervivencia y emergencias, la clave no es solo enseñar técnicas, sino:
- Enseñar a observar
- Enseñar a interpretar
- Enseñar a decidir
- Enseñar a corregir
En Orosa Aventura procuramos que nuestras formaciones sean experienciales y que la toma de decisiones sea una constante, solo podemos aprender cuando aprendemos de los fracasos o malas decisiones.

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